Vale La Pena

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Photo by Grace Yarrow

Student athletes face the realities of sports-related injuries and concussions at the school.

Alejandro Paredes, Translator

Ella estaba corriendo para atrapar una bola decisiva que habría sido la última jugada del partido. Cuando de repente todo se volvió negro. Emily Hart recuerda su experiencia traumática de haber resultado con una conmoción cerebral un día al jugar en la primera base de un torneo de Sóftbol. Se despertó en el suelo con la gente rodeada sobre ella y haciéndole preguntas diferentes: “¿Qué día es?” “¿Cómo te llamas?” Ella se había desmayado, había perdido la conciencia, y no podía recordar los eventos de los últimos minutos. Resulta que la receptora había chocado contra ella y los frenos de Emily destrozaron la mejilla de la receptora. Llegó una ambulancia, y descubrieron que sólo tuvo una conmoción cerebral menor y no fue llevada al hospital. Después de que ella regresó a su casa, Emily comenzó a vomitar y la habitación empezó a girar a su alrededor. Ella terminó en la sala de emergencia y escuchó que tenía una conmoción cerebral y tuvo que detener toda actividad deportiva durante una semana. Las heridas sostenidas durante las temporadas empujan a los atletas a preguntarse a sí mismos, si el dedicarse a los deportes realmente vale el riesgo. Especialmente cuando tienen que hacerse altas inversiones para prevenir heridas que podrían cambiar la vida.

Los deportes de otoño y de invierno hasta ahora han resumido un total de 28 conmociones cerebrales: 15 para el fútbol americano, tres para las porristas, dos para el voleibol, cuatro para el fútbol femenil, dos para los chicos de básquetbol, y dos para la lucha libre. Las conmociones cerebrales son incidentes comunes para los estudiantes-atletas que juegan dentro de los deportes que consisten en contacto físico con otros jugadores. Los equipos deportivos en el pasado han invertido cantidades significativas de dinero en la reducción de estos altos números en cualquier medio. Considerando la alta cantidad de conmociones cerebrales y heridas dentro del equipo del fútbol, la Fundación del Fútbol Americano de Casa Grande compró cascos de VICIS ZERO1 para cada jugador a un precio de $1,000 cada uno. Sin embargo, los cascos no hicieron el cambio que Denis Brunk, el entrenador del equipo del fútbol americano varsity, había esperado cuando dijo que quería el equipo más seguro para cada futbolista. Heather Campbell, la profesora para el programa Sports Medicine, expresó su reacción en los efectos de estos cascos aproximadamente un año después de comprarlos.

    “Hay un montón de cosas disponibles. Puedo decirles basándome en mi pequeña investigación; con los [cascos de] Vicis, tuvimos la misma cantidad de conmociones cerebrales en el equipo de fútbol americano que el año anterior,” dijo Campbell. “En mi opinión, la pregunta si [los cascos de] Vicis hicieron una diferencia es no, pero sólo desde nuestro pequeño estudio. La premisa detrás de Vicis de la investigación en la cual he hecho, es que minimiza la fuerza g––y la fuerza g es lo que hace que tu cerebro se mueva en tu cráneo. No estoy convencida de que haya un casco a partir de ahora [que pueda minimizar las conmociones cerebrales]. La mayoría del personal médico estaría de acuerdo conmigo.”

Los deportes consumen mucho tiempo de los estudiantes. Y con la posibilidad inmensa de ser perjudicados, surge la pregunta de por qué los estudiantes a menudo juegan. Además del peso del trabajo escolar y la vida social, los deportes pueden contribuir al estrés y a la presión no deseadas e innecesarias. Sintiéndose obligados a jugar o ganar, algunos estudiantes priorizan los deportes sobre todo lo demás, incluyendo la escuela. Se empujan y presionan a tal grado, que los estudiantes se lastiman, haciendo su rutina cotidiana más complicada. Sin embargo, el riesgo de las heridas no impide a los estudiantes jugar deportes. Ethan Falkenberg, un luchador Sophomore, comenta sobre su tobillo torcido.

“Terminé herido durante un partido. Mi pierna se enredó con la de mi opositor y cayó sobre la mía. Pero, creo que vale la pena el jugar deportes, porque es mucho más divertido que holgazanear solo en la casa aún si existe la posibilidad de terminar lastimado. Además llegas a conocer amigos al hacerlo. Tomamos medidas de precaución y los entrenadores se esmeran en protegerte para así prevenir heridas adicionales”, dijo Falkenberg.

   Sin tener en cuenta el riesgo de torcerse el tobillo, o dislocarse la rodilla, o hasta conseguir una conmoción cerebral, varios estudiantes en el campus incondicionalmente están dedicados a su deporte, y no pasan desapercibidos cuando toman estos desafíos valientemente. Mientras los otros pueden manipular las probabilidades de recibir una herida como un argumento para desalentar a los estudiantes de encontrar su pasión verdadera, ultimadamente la decisión de arriesgarse cae en el estudiante.

   “Pienso que si te preocupas por cada pequeña cosa, entonces dejas pasar muchas oportunidades. La vida es un riesgo. Por lo tanto tienes que decidir tú sólo. Tienes que tomar tu propia opinión sobre lo que es importante para ti mismo. Creo que los deportes son un riesgo, pero la pregunta que si la recompensa pesa más que el riesgo, eso es lo que tienes que mirar,” dijo Campbell.